Vía Crucis Martirial
(Mártires Claretianos de Barbastro)
1ª. Estación: Jesús es condenado a muerte
En aquel tiempo, “los sumos sacerdotes y el consejo en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente comparecieron dos que declararon: “Éste ha dicho: Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo: “¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?”. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: “Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios” Jesús le respondió: “Tú lo has dicho. Más aún, yo les digo: desde ahora verán que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo”. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo: “Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acaban de oír la blasfemia. ¿Qué deciden?” Y ellos contestaron: “Es reo de muerte” (Mt 26,59 - 66)
En nuestro tiempo, uno de los Mártires escribe: “No se nos ha encontrado ninguna causa política, y sin forma de juicio morimos todos contentos por Cristo y su Iglesia y por la fe de España. Por los Mártires, Manuel Martínez, CMF”. Y los mismos milicianos confesaron: “No odiamos vuestras personas; lo que odiamos es vuestra profesión, vuestro hábito negro, la sotana, ese trapo tan repugnante: quitaos ese trapo y seréis como nosotros y os libraremos” “Os matamos porque sois fanáticos e hipócritas y no queréis tomar las armas para luchar por el pueblo”
Oremos: Tú, Señor que, al ser abandonado por todos, y no encontrar ningún testigo en tu favor, nos muestras la vulnerabilidad de Dios que se ofrece al hombre, ayúdanos a aceptar la salvación que viene de tu humillación y tu silencio y a devolver bien por mal. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amen.
2ª. Estación: Jesús carga con la cruz
En aquel tiempo, “terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar (Mt 27,31). Cargando Él mismo la cruz, salió hacia el lugar llamado la colina de la Calavera” (Jn 19,17)
En nuestro tiempo, escribe Ramón Illa: “Llevamos en la cárcel desde el día 20 de julio, Estamos toda la comunidad. Hace ocho días fusilaron ya al Rdo. Padre Superior y otros Padres. Felices ellos y los que les seguiremos; yo no cambiaría la cárcel por el don de hacer milagros, ni el martirio por el apostolado que era la ilusión de mi vida. Gracias sean dadas al Padre por Nuestro Señor Jesucristo, Hijo suyo, que con el mismo Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén”
Oremos: Haz, Señor, que tu sangre no sea estéril en nosotros, que seamos curados por tus heridas; que en ellas encontremos el aliento y la libertad para amarte sobre todas las cosas y servirte donde y como Tú dispongas. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
3ª. Estación: Jesús cae por primera vez
En aquel tiempo, Jesús cayó por primera vez: “Dios mío, defiende mi causa, líbrame de estos hombres perversos y traidores” (Salmo 43)
En nuestro tiempo, el P. Juan Díaz Nosti habló a los seminaristas una hora antes de su detención, animándoles, en aquellas circunstancias tan inciertas “a mayor oración, a la tranquilidad y la paz: que nos echáramos en brazos de la Providencia, que lo que Dios nos enviase eso sería lo mejor para nosotros; que si llegaran a encarcelarnos sería grande gloria sufrir persecución por la justicia, sufrir por Dios, y si se diese el trance supremo de darnos muerte, ¡qué alegría, qué gloria y qué honor dar la vida por Jesús, morir por nuestros ideales!”
Oremos: Danos, Señor, una fe viva, como la que inflamó a los Profetas, Apóstoles y Mártires, y la que movió a muchos predicadores de la divina palabra a abrazar con ánimo alegre la pobreza, la abnegación y el sacrificio para dilatar el Reino de Cristo. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
4ª. Estación: Jesús se encuentra con su Madre
En aquel tiempo, “unas mujeres le seguían desde Galilea, entre ellas estaba María, su Madre” (Mc 15,40)
En nuestro tiempo, varios Mártires escriben a sus madres: Así, Salvador Pigem “Mamá, no llores: Jesús me pide la sangre; por su amor la derramaré; seré mártir, me voy al Cielo. Allí te espero”. Y Agustín Viela: “Lo más que pueden hacernos es matarnos por odio a Dios, y entonces seríamos mártires y ¿hay gloria mayor para una madre que poder decir que su hijo ha muerto por Dios y la Virgen Inmaculada? Le pido por favor que no se asuste ni se entristezca demasiado por lo que nos pueden hacer, antes bien se alegre al ver a un hijo suyo perseguido por Dios”
Oremos: Nos has amado, Señor, hasta darnos por madre a tu propia Madre. Por intercesión del Corazón de María, concédenos experimentar la fuerza de tu amor, y aceptar, como Ella lo aceptó, ser partícipes e instrumentos de tu acción salvadora a favor de todos los hombres. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
5ª. Estación: Simón de Cirene ayuda a Jesús
En aquel tiempo, “Cuando ya se lo llevaban, echaron mano de un tal Simón cirineo, que volvía del campo, y le impusieron que cargara con la cruz, detrás de Jesús” (Lc 23,26)
En nuestro tiempo, “ya que no puedo ir a China, como siempre había deseado, confiesa Rafael Briega, ofrezco gustoso mi sangre por las misiones de China y desde el cielo rogaré por ellas” Y Ramón Novich y otros reiteraban: “ya que no podemos ejercer el sagrado ministerio en la tierra, trabajando por la conversión de los pecadores, haremos como Santa Teresita del Niño Jesús, pasaremos nuestro cielo haciendo el bien a la tierra”
Oremos: Tú, Señor, que nos has invitado a cargar con tu cruz y a compartir tu destino, aliéntanos en nuestras luchas, para poder nosotros alentar a los demás con el ánimo que recibimos de Ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
6ª. Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús
En aquel tiempo, “Tan desfigurado estaba, que no tenía apariencia humana” (Is 52,14)
En nuestro tiempo, los Mártires quieren reproducir la imagen de Jesús, sus sentimientos, su amor, su perdón, como confiesa Esteban Casadevall a Pablo Hall antes de que éste fuera liberado: “Muero contento. Me tengo por feliz, como los Apóstoles porque el Señor ha permitido que pueda sufrir algo por su amor antes de morir. Espero confiadamente que el Señor y el Corazón de María me llevarán pronto al cielo. Perdono de todo corazón a los que nos injurian, persiguen y quieren matarnos, y puedo decir con Jesucristo, moribundo en la cruz, al Eterno Padre: “Padre, perdónalos porque realmente no saben lo que hacen”. Los ciegan sus dirigentes y el odio que nos tienen. Si supiesen lo que hacen, ciertamente no lo harían. Ya hemos rogado todos por su conversión. Yo les tengo verdadera compasión y desde el cielo espero conseguir que Dios Nuestro Señor les abra los ojos para que vean la verdad de las cosas y se conviertan. Francamente no tengo ninguna dificultad en perdonarles. ¡Si supiesen que me están haciendo el mayor bien, a pesar del odio que me tienen!... Dígale al Padre General que voy a morir contento en la Congregación de Hijos del Inmaculado Corazón de María; que espero confiadamente el cumplimiento de la promesa que la Santísima Virgen hizo a favor de los que mueren en la Congregación”
Oremos: Nos has llamado, Señor, a representar en la Iglesia el mismo género de vida que Jesús había elegido para Sí, dando testimonio evangélico, concédenos tener los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo, que se anonadó a sí mismo tomando la forma de Siervo y ahora vi ve y reina por los siglos de los siglos. Amén.
7ª. Estación: Jesús cae por segunda vez
En aquel tiempo, Jesús cayó por segunda vez. “Estoy sin fuerzas, todo lo he perdido. La oscuridad me envuelve y me encuentro perdido. ¿Quién podrá levantarme? ¿Por qué tarda tanto el que viene a salvarme?” (Jer 8,18 - 23)
En nuestro tiempo, el miedo a la claudicación, la sospecha de su fragilidad se cebó especialmente en José María Blasco, a pesar de que había escrito: “Se ruega al que encuentre este papelito comunique a mi familia que el Sr. José María Blasco murió mártir el 25 de julio derramando su sangre por Jesucristo, en Barbastro. Firmado: José María Blasco” Tuvo miedo de su mismo miedo, inseguridad, terror a una flaqueza catastrófica. Pablo Hall declara que el Mártir “pensó que, en conciencia, antes que arriesgarse a ser un apóstata, podría o debería huir, intentarlo al menos, “si podía hacerlo sin faltar a sus obligaciones y no producía escándalo” Lo que pareció una debilidad acabó siendo su grandeza, según lo afirmado por San Pablo: “cuando soy débil, soy fuerte” “En los últimos días se encontraba tan animado como cualquiera y ya se le había pasado el miedo”
Oremos: En nuestros momentos de desconfianza o al experimentar nuestras limitaciones, recuérdanos, Señor, que eliges instrumentos frágiles y débiles para confundir a los fuertes, para que pongamos en Ti toda nuestra confianza y esperemos de Ti, especialmente, la aptitud para cumplir bien nuestra misión. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
8ª. Estación: Jesús consuela a las Mujeres de Jerusalén
En aquel tiempo, “le seguía una gran multitud del pueblo y también unas mujeres llorando” (Lc 23,27)
En nuestro tiempo, Ramón Illa escribe a su tía Sor Rosario en 1932: “Que el Niño Jesús traiga la paz y la abundancia de gracia; sobre todo su paz, la suya, ya que la del mundo parece que él no nos la quiere dejar gustar; yo creo que bien hecho: sí, nos esperan grandes cosas; la Iglesia santa llorará como viuda, pero nos coronará a sus hijos predilectos los religiosos con la mayor bendición que es la de los perseguidos. Dios quiera que sean también con la púrpura del martirio. No somos del mundo, y el mundo por eso nos persigue. Muchas veces lo he pensado, y casi me dan ganas de pedir a nuestro Señor persecuciones”
Oremos: Señor Jesús, que nos ofreces el consuelo de la fe al compartir tus padecimientos, ayúdanos a ser solidarios con los que sufren y a dar esperanza a los decaídos, para completar en nuestra carne lo que falta a tus tribulaciones a favor de tu Cuerpo, la Iglesia. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén
9ª. Estación: Jesús cae por tercera vez
En aquel tiempo, “Jesucristo, que era de condición divina, se anonadó hasta tomar la condición de esclavo, se humilló y se hizo obediente hasta aceptar la muerte, una muerte en cruz” (Fil 2,6 - 8)
En nuestro tiempo, Pablo Hall, relatando su última conversación con el mártir Esteban Casadevall cuenta: “Nos despedimos y entonces fue cuando por vez primera rompió a llorar... Pero reaccionó bien pronto y haciendo un pequeño esfuerzo dijo: Pues no he de llorar”
Oremos: Ayúdanos, Señor, a estar vigilantes para no caer en la tentación y progresar eficazmente en el seguimiento a Ti y haz que contemos siempre con la ayuda de nuestros hermanos para ser fieles al espíritu del Fundador y alcanzar la caridad perfecta. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén
10ª Estación: Jesús es despojado de sus vestidos
En aquel tiempo, “se repartieron entre ellos su ropa y echaron a suertes su túnica” (Jn 19,24)
En nuestro tiempo, decía Luis Masferrer: “…Nos podrán disparar, nos podrán maltratar y perseguir para quitarnos el temor santo de Dios, salvaguarda de nuestra alma, y el amor a nuestra Madre, que guarda en nuestro corazón el temor de Dios: pero su fin no lo conseguirán; nos podrán matar, fusilar, descuartizar si quieren, pero su innoble fin no lo han de alcanzar… Yo por mi parte he determinado y prometido llevar siempre y en cualquier parte, sobre mi pecho la consagración de mí mismo a mi dulce Madre, firmada con mi sangre, y no permitiré que nadie me la quite”
Oremos: Ayúdanos, Señor, a imitación de Jesucristo, a ser verdaderamente pobres, de hecho y de espíritu, compartiendo la condición de los pobres, y a alegrarnos al experimentar los efectos de la pobreza sin dudar de tu providencia. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén
11ª Estación: Jesús es clavado en la cruz
En aquel tiempo, “los soldados crucificaron a Jesús. Era media mañana cuando le crucificaron (Mc 15,24 - 25). Vinieron las tinieblas sobre toda la región hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”. Y dicho esto, expiró” (Lc 23,44 - 45)
En nuestro tiempo, con profunda compenetración con Cristo y solidaridad con los que sufren se expresa el mártir Juan Sánchez Munárriz: “Con el corazón henchido de alegría santa, espero confiado el momento cumbre de mi vida, el martirio, que ofrezco por la salvación de los pobres moribundos que han de exhalar el último suspiro en el día en que yo derrame mi sangre por mantenerme fiel y leal al divino Capitán, Cristo Jesús. Perdono de todo corazón a todos los que ya voluntaria o involuntariamente me hayan ofendido. Muero contento. Adiós y hasta el cielo. Juan Sánchez Munárriz”
Oremos: Tu cruz, Señor, es escándalo para unos, necedad para otros. Desde ella nos muestras tu amor y nos ofreces tu perdón. Gracias por habernos revelado que es signo de la fuerza y sabiduría de Dios. Concédenos que nos alegremos en toda adversidad hasta poder decir: lejos de mí gloriarme sino en tu cruz, Jesús, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo”. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amen
12ª Estación: Jesús muere en la cruz
En aquel tiempo, Jesús murió solo en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado tan solo? Y, dando un fuerte grito, expiró” (Mc 15,34 - 37)
En nuestro tiempo, nuestros Mártires dejaron escrito en su Testamento dirigido a la Congregación: “Morimos todos contentos, sin que nadie sienta desmayos ni pesares; morimos todos rogando a Dios que la sangre que caiga de nuestras heridas no sea sangre vengadora, sino sangre que entrando roja y viva por tus venas, estimule tu desarrollo y expansión por todo el mundo. ¡Adiós querida Congregación! Tus hijos, Mártires de Barbastro, te saludan desde la prisión y te ofrecen sus dolorosas angustias en holocausto expiatorio por nuestras deficiencias y en testimonio de nuestro amor fiel, generoso y perpetuo”
Oremos: Ayúdanos a amarte, Señor, con todo el corazón, con todo nuestro ser, con todas nuestras fuerzas: acepta nuestros pensamientos, deseos, palabras y acciones, cuanto tenemos y podamos tener. Haz que usemos lo que tenemos para mayor honra y gloria tuya según tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén
13ª Estación: Jesús es bajado de la cruz
En aquel tiempo, “estaban de pie junto a la cruz, María, la madre de Jesús, la hermana de su Madre, María, la mujer de Cleofás y María Magdalena” (Jn 19,25)
En nuestro tiempo, nuestros Mártires cantaron convencidos este cántico tradicional de la Congregación: Quizá en el campo, rotas las venas, sin sangre apenas me veas ¡ay! Mira aún entonces sobre mi frente resplandeciente el ideal. ¿Y qué ideal? Por Ti, Rey mío, la sangre dar. Acaso me oigas, solo y tendido, dar un quejido mi postrer ¡ay! Jesús entonces habré vencido y habré cumplido con mi ideal. ¿Y qué ideal? Por Ti, Rey mío, la sangre dar. Virgen María, Reina del cielo, dulce consuelo dígnate dar cuando en la lucha tu fiel soldado caiga abrazado con su ideal ¿Y qué ideal? Por Ti, mi Reina, la sangre dar.
Oremos: Danos, Señor la fortaleza necesaria para que nuestra vida misionera vaya creciendo y nuestro ministerio se haga cada vez más fecundo, unidos a Cristo que proclama palabras de vida, se ofrece a Sí mismo por los hermanos, te honra y edifica la unidad de la Iglesia. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén
14ª Estación: Jesús es sepultado
En aquel tiempo, “José de Arimatea colocó el cuerpo de Jesús en un sepulcro que había hecho excavar en la roca” (Mc 15,46)
En nuestro tiempo, los Mártires expresan así su fe en la victoria final: “¡Viva la Congregación santa, perseguida y Mártir! ¡Vive inmortal Congregación querida, y mientras tengas en las cárceles hijos como los tienes en Barbastro, no dudes que tus destinos son eternos! Quisiera haber luchado entre tus filas. ¡Bendito sea Dios! Faustino Pérez” También Rafael Briega dirige un mensaje final a la Congregación lleno de esperanza: “Alégrate, Congregación querida, porque 58 hijos tuyos entran en la Congregación celeste, inocentes como lirios e inflamados por la caridad de Dios y el amor al Inmaculado Corazón de la Virgen María”
Oración final: Padre Santo, que nos has dado en los Mártires Claretianos de Barbastro, un modelo de fidelidad a la causa de Jesús, de amor al Corazón de María y a la Iglesia, de lealtad a los hermanos y de perdón a los enemigos, concédenos, por su intercesión, imitar su ejemplo en la vivencia fiel y gozosa de nuestra consagración y en el anuncio del Evangelio para gloria de Dios y la salvación de todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Oración de San Policarpo
Policarpo, obispo de Esmirna, fue apresado y conducido al estadio para ser juzgado. El gobernador le grita: "Si no adora al César y sigue adorando a Cristo lo condenaré a las llamas" Y el santo responde: "Me amenazas con fuego que dura unos momentos y después se apaga. Yo lo que quiero es no tener que ir nunca al fuego eterno que nunca se apaga" Policarpo, antes de ser martirizado con leña, oró así en alta voz:
"Señor Dios, Todopoderoso, Padre de Nuestro Señor Jesucristo: yo te bendigo porque me has permitido llegar a esta situación y me concedes la gracia de formar parte del grupo de tus mártires, y me das el gran honor de poder participar del cáliz de amargura que tu propio Hijo Jesús tuvo que tomar antes de llegar a su resurrección gloriosa. Concédeme la gracia de ser admitido entre el grupo de los que sacrifican su vida por Ti y haz que este sacrificio te sea totalmente agradable. Yo te alabo y te bendigo Padre Celestial por tu santísimo Hijo Jesucristo a quien sea dada la gloria junto al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos".
Letanía de los Mártires Cristeros
Los primeros sacerdotes de la relación fueron canonizados durante el Gran Jubileo de la Encarnación del Año 2000, el 21 de mayo, por el Papa Juan Pablo II, y los que siguen, 3 sacerdotes y 10 laicos, fueron beatificados el 20 de noviembre de 2005. Entre ellos, encontramos al Padre Andrés Solá y Molist, misionero claretiano español. A él, junto con el Padre José Trinidad Rangel y el laico, Leonardo Pérez, se les conoce como los “Mártires de San Joaquín”
Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
Señor ten piedad de nosotros
Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
Dios Padre celestial, Ten piedad de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo, Ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo, Ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios, Ten piedad de nosotros
Padre Agustín Caloca, Ruega por nosotros
Padre Atilano Cruz Alvarado, Ruega por nosotros
Padre Bernabé de Jesús Méndez Montoya, Ruega por nosotros
Padre Cristóbal Magallanes Jara
Padre David Galván Bermúdez
Padre David Roldán Lara
Padre David Uribe Velasco
Padre Jenáro Sánchez Delgadillo
Padre José Isabel Flores Varela
Padre José María Robles Hurtado
Padre José Salvador Lara Puente, Ruega por nosotros
Padre Julio Álvarez Mendoza, Ruega por nosotros
Padre Justino Orona, Ruega por nosotros
Padre Luis Batis Sáinz
Padre Manuel Morales Cervantes
Padre Margarito Flores García
Padre Mateo Correa Magallanes
Padre Miguel de la Mora
Padre Pedro de Jesús Maldonado
Padre Pedro Esqueda Ramírez
Padre Rodrigo Aguilar Alemán
Padre Román Adame Rosales
Padre Sabás Reyes Salazar
Padre Toribio Romo González
Padre Tranquilino Ubiarco Robles
José Anacleto González Flores, Ruega por nosotros
José Dionisio Luis Padilla Gómez, Ruega por nosotros
Jorge Ramón Vargas González, Ruega por nosotros
Ramón Vicente Vargas González
Ezequiel Huerta Gutiérrez
Salvador Huerta Gutiérrez
Miguel Gómez Loza
Luis Magaña Servín
José Sánchez del Río
Leonardo Pérez Larios
Padre Angel Darío Acosta, Ruega por nosotros
Padre José Trinidad Rangel Montaño, Ruega por nosotros
Padre Andrés Solá y Molist, Ruega por nosotros
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo Perdónanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo Escúchanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo Ten misericordia de nosotros
Oremos: Animados por tu Espíritu, que te resucitó de entre los muertos, queremos hacerte presente, Señor Jesús, con la fuerza de tu palabra y la humildad de nuestra entrega, allí donde el hombre vive sin esperanza por la ausencia de Dios, el odio, la injusticia, la soledad, el sufrimiento o la opresión. Tú que estás siempre con nosotros y vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén
Salmo 22
La súplica del inocente perseguido es un género literario que agrupa muchos salmos en la Biblia, de entre los cuales sobresale, indiscutiblemente, el 22. Es el salmo clásico de la pasión de Jesucristo, como enseña la liturgia y, antes que la liturgia, el Evangelio.
Llama la atención, primero, la intensidad de la expresión del dolor humano y el abandono de Dios que experimenta el salmista. Segundo, la extensión de la acción de gracias que ocupa más de la mitad del salmo, y tercero, que el orante no confiesa culpa alguna que haya provocado la persecución como castigo de Dios.
Jesús pronuncia en la cruz el comienzo del salmo, o quizá el salmo completo, y los Evangelistas entresacan y citan otros versos. El salmo se presta a contemplar la pasión de Jesucristo compartiendo desde dentro el dolor de la humanidad.
Con estas consideraciones, lee pausadamente el texto, saboreando aquellas expresiones que te causen mayor impresión.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me abandonaste? ¡Las palabras que lanzo no me salvan! Mi Dios, de día llamo y no me atiendes, de noche, mas no encuentro mi reposo.
Tú, sin embargo, estás en el Santuario, de allí sube hasta ti la alabanza de Israel. En ti nuestros padres esperaron, esperaban y tú los liberabas. A ti clamaban y quedaban libres, su espera puesta en ti no fue fallida.
Mas yo soy un gusano y ya no un hombre los hombres de mí tienen vergüenza y el pueblo me desprecia. Todos los que me ven, de mí se burlan, hacen muecas y mueven la cabeza: ¡Confía en el Señor, pues que lo libre, que lo salve si le tiene aprecio!
Me has sacado del vientre de mi madre, me has confiado a sus pechos maternales. Me entregaron a ti apenas nacido; tú eres mi Dios desde el seno materno.
No te alejes de mí, que la angustia está cerca, y no hay nadie que pueda ayudarme. Me rodean novillos numerosos y me cercan los toros de Basán.
Amenazándome abren sus hocicos como leones que desgarran y rugen.
Yo soy como el arroyo que se escurre; todos mis huesos se han descoyuntado; mi corazón se ha vuelto como cera, dentro mis entrañas se derriten.
Mi garganta está seca como teja, y al paladar mi lengua está pegada: ya están para echarme a la sepultura. Como perros de presa me rodean, me acorrala una banda de malvados. Han lastimado mis manos y mis pies.
Con tanto mirarme y observarme pudieron contar todos mis huesos. Reparten entre sí mis vestiduras y mi túnica la tiran a la suerte.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos; ¡fuerza mía, corre a socorrerme!
Libra tú de la espada mi alma, de las garras del can salva mi vida.
Sálvame de la boca del león, y de los cuernos del toro lo poco que soy.
Yo hablaré de tu Nombre a mis hermanos, te alabaré también en la asamblea.
Alaben al Señor sus servidores, todo el linaje de Jacob lo aclame, toda la raza de Israel lo tema; porque no ha despreciado ni ha desdeñado al pobre en su miseria, no le ha vuelto la cara y a sus invocaciones le hizo caso.
Para ti mi alabanza en la asamblea, mis votos cumpliré ante su vista.
Los pobres comerán hasta saciarse, alabarán a Dios los que lo buscan:
¡vivan sus corazones para siempre!
De Dios se acordará toda la tierra y a él se volverá; todos los pueblos, razas y naciones ante él se postrarán.
¡Rey es Dios, Señor de las naciones! Todo mortal honor le rendirá, se agacharán al verlo los que al sepulcro van.
Para Dios será sólo mi existencia. Lo servirán mis hijos, hablarán del Señor a los que vengan, al pueblo futuro: Que es justo, les dirán. Tal es su obra.
Al terminar: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen
Salmo 91
Este salmo es una invitación a confiar plenamente en Dios. Aunque es un salmo particular porque no es el “salmista” el que ora, sino que exhorta a un oyente para que lo haga y exprese en su oración una actitud vital de confianza absoluta en Dios. El oyente es un creyente que, real o figuradamente, vive ya en la cercanía de Dios y el salmista le pondera, quizá para reafirmarlo en su actitud, las ventajas que su opción implica: Dios le protegerá de toda clase de males con su fidelidad, descrita como “escudo y coraza” del justo. Dios, por medio de un oráculo, reafirma las palabras del salmista y promete solemnemente hacerlo.
Después de esta breve presentación, lee con cuidado el texto, detente en las expresiones que te causen mayor impresión y ora con ellas.
Tú que vives al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Todopoderoso,
di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte, mi Dios, en quien confío»
El te librará de la red del cazador y de la peste perniciosa;
te cubrirá con sus plumas, y hallarás un refugio bajo sus alas.
No temerás los terrores de la noche, ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que acecha en las tinieblas, ni la plaga que devasta a pleno sol.
Aunque caigan mil a tu izquierda y diez mil a tu derecha,
tú no serás alcanzado: su brazo es escudo y coraza.
Con sólo dirigir una mirada, verás el castigo de los malos,
porque hiciste del Señor tu refugio y pusiste como defensa al Altísimo.
No te alcanzará ningún mal, ninguna plaga se acercará a tu carpa,
porque hiciste del Señor tu refugio y pusiste como defensa al Altísimo.
Ellos te llevarán en sus manos, para que no tropieces contra ninguna piedra;
caminarás sobre leones y víboras, pisotearás cachorros de león y serpientes.
«El se entregó a mí, por eso, yo lo glorificaré; lo protegeré,
porque conoce mi Nombre; me invocará, y yo le responderé.
Estaré con él en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré;
le haré gozar de una larga vida y le haré ver mi salvación»
Al terminar: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen
Siete momentos para orar con los Mártires
El testimonio de los mártires es un aliento para nuestra vida como seguidores de Jesús y servidores de su Palabra. Por esta razón, vamos a orar con diferentes textos martiriales que nos permitan interiorizar la experiencia de fe que ha impulsado a muchos cristianos de diferentes épocas a entregar sus vidas por la causa de Jesús y su Reino.
1: Quiero morir solo por Ti, Que te dignaste morir por mí
Monición: «Jesús "dio su vida por nosotros"; demos también nuestra vida, no por él, sino por nosotros, y, me atrevería a decirlo, por aquellos que van a sentirse alentados por nuestro martirio. Todavía nos queda tiempo de gloriarnos. Pues dice la Escritura: "Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia; la constancia, virtud probada; la virtud, esperanza; y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado"». (Orígenes)
Salmo
Solista: El sentido de la muerte se define por el sentido de la vida.
Vivir es mucho más que no morir. Es realizar una misión,
comprometerse y construir su sentido que alcanza hasta la eternidad.
Todos: La muerte encuentra su sentido en la vida
Solista: Con la muerte se produce el fin de la vida. Se rompen los lazos con el mundo, con los seres queridos y con la propia corporalidad. Pero la vida sólo se desarrolla en plenitud en los que alimentaron la vida en esta tierra, defendieron su derecho, protegieron su dignidad, y llegaron hasta aceptar la muerte para ser testigos de la vida.
Todos: La muerte encuentra su sentido en la vida
Solista: Todos los que murieron sacrificados como Jesús, por amor a una vida más digna, heredan la plenitud de la vida. Son como el grano de trigo que, al morir, produce vida, y al ser enterrado rompe la tierra y crece. La plenitud de la vida implica la resurrección.
Todos: La muerte encuentra su sentido en la vida
Solista: El cuerpo sin vida es como un cáliz vacío, capaz de acoger el vino precioso.
Por la resurrección será llenado en plenitud con la vida de Dios que no elimina
sino que transfigura la vida humana, haciéndola infinitamente más vida.
Y, por tanto, Inmortal". (Leonardo Boff)
Todos: La muerte encuentra su sentido en la vida
Oración: Señor, te pedimos que el testimonio de Jesús y de sus Mártires, nos conduzcan a anunciar la Buena Nueva del Reino a los pobres, y seamos solidarios con los que padecen enfermedad, dolor, injusticia y toda clase de opresión. Amén. Canto
2. Andamos errantes como ovejas llevadas al matadero
Monición: «Yo me ofrecí por víctima y el Señor se dignó aceptar mi oferta, pues sobre mí han venido toda especie de calumnias, infamias, persecuciones etc., no tenía otra cosa que el testimonio de mi buena conciencia; y así siempre me he quedado tranquilo y en silencio, no pensaba sino en Jesús». (Antonio María Claret)
Salmo (Teresa de Jesús)
Coro 1: Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero.
Coro 2: Vivo ya fuera de mí, después que muero de amor; porque vivo en el Señor, que me quiso para sí: cuando el corazón le di puso en él este letrero, que muero porque no muero.
Coro 1: Sólo con la confianza vivo de que he de morir, porque muriendo el vivir me asegura mi esperanza; muerte en el vivir se alcanza, no te tardes, que te espero, que muero porque no muero.
Coro 2: Mira que el amor es fuerte; vida, no me seas molesta, mira que sólo me resta, para ganarte, perderte. Venga ya la dulce muerte, el morir venga ligero que muero porque no muero.
Oración: Animados por el testimonio de San Antonio Ma. Claret y de los Beatos Mártires de San Joaquín, te pedimos Padre que hagas crecer a la Familia Claretiana con abundantes vocaciones misioneras dispuestas a colaborar en la transformación del mundo según tu designio de amor. Amén. Canto
3. Somos una Iglesia Martirial
Monición: «No es de maravillar que el martirio, por el número y modo como se da en la Iglesia y sólo en ella, siga siendo una prueba de la virtud y poder de la gracia divina y un argumento del origen divino de la misma Iglesia. El espíritu de la Iglesia depende de que haya siempre en ella hombres dispuestos para el martirio». (Karl Rahner)
Salmo (Teófilo Cabestrero)
Solista: Mi muerte mi vida, ¡tú! Palabras de mis gritos,
silencio de mi espera, testigo de mis sueños, ¡Cruz de mi cruz!
Causa de mi amargura, perdón de mi egoísmo, crimen de mi proceso,
juez de mi pobre llanto, razón de mi esperanza, ¡tú!
Mi tierra prometida, eres tú... La pascua de mi pascua,
¡nuestra gloria por siempre, ¡Señor Jesús!...
Gozó de la tierra prometida en el mes más crudo de la siembra
sin más alternativa que la lucha, muy cerca de la muerte,
pero no del final.
Oración: Dios poderoso que concediste a los Beatos Mártires de san Joaquín un amor extraordinario al prójimo y a sus verdugos, haz que, también nosotros, seamos creativos constructores de la comunidad y de la unidad de tu Iglesia. Amén.
Demos la vida por las ovejas y por los verdugos
Monición: «Cristo nos invita a no temer la persecución porque, créanlo, hermanos, el que se compromete con los pobres tiene que correr el mismo destino de los pobres […] El martirio es una gracia que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad». (Mons. Oscar Romero)
Salmo (Pedro Casaldáliga)
Yo moriré de pie, como los árboles. Me matarán de pie. El sol, como testigo mayor, pondrá su lacra sobre mi cuerpo, doblemente ungido. Y los ríos y el mar se harán camino de todos mis deseos, mientras la selva amada sacudirá sus cúpulas, de júbilo.
Yo diré a mis palabras: -no mentía, gritándoos. Dios dirá a mis amigos: certifico que vivió con vosotros esperando este día. De golpe, con la muerte, se hará verdad mi vida, ¡por fin habré amado!
Oración: Padre Santo que inflamaste en celo apostólico el corazón de los Mártires, concédenos seguir e imitar a Jesucristo en orar, trabajar, sufrir y en procurar siem-pre y únicamente tu mayor gloria y la salvación de la humanidad. Amén. Canto
El martirio no es aniquilamiento sino testimonio de fidelidad
Monición: «Deseaba ser misionero, más aún, dar su vida por la fe. Un día me rogó pidiese en el momento de la Santa Misa que el buen Jesús le concediese la gloria del martirio» (J. F. Villepelee). Esta frase podría sintetizar el espíritu de muchos misioneros mártires, que movidos por un amor a la Eucaristía no temieron a la muerte. El P. Andrés Solá no fue la excepción y ante los soldados dijo con toda entereza: «Que me sea lícito manifestar que no tengo otro crimen, que yo conozca, que el de haber cumplido con mi deber como misionero que soy»
Salmo (Michel Quoist)
Coro 1: Señor, yo debo unir mi cuerpo, mi corazón, mi espíritu y,
tan largo como soy, tenderme sobre la cruz del momento presente.
Y no tengo derecho a elegir la madera de mi pasión:
la cruz está ya esperando a mi medida. Tú me la ofreces cada día,
cada minuto, y yo debo ocuparla.
Coro 2: No es agradable, Señor, el momento presente
es tan estrecho que no hay modo de darse en él la vuelta con todo,
Señor, yo no te encontré en otra parte, es ahí donde Tú me esperas,
es ahí donde, Tú y yo juntos, salvaremos a nuestros hermanos.
Coro 1: También yo, Señor, debo abandonar todos estos vestidos de ceremonia
que me estorban en mi vida y me esconden a tus ojos, este "tener" que ahoga el "ser" en mí, y me separa de los otros.
Todos: Así, Señor, yo debo, poco a poco, hacer morir en mi vida todo aquello
que no sea fidelidad a tu voluntad. Y esto no me gusta un pelo, Señor;
hay que estar siempre muriendo. Qué exigente eres: yo doy y aún sigues pidiendo.
Pero si Tú lo quieres todo, Señor, tómalo todo. Arranca Tú mismo mi último vestido.
Pues yo sé bien que hace falta morir para merecer la vida, como el grano debe pudrirse para que pueda nacer la espiga de oro.
Oración: Tú que, en la hora de la prueba, fortaleciste con tu amor al Padre Andrés Sola y a los Mártires de San Joaquín, concede a quienes compartimos su esperanza, imitarlos en su vida, en el anuncio valiente de tu Palabra y en la entrega a los pobres. Amén. Canto
Jesús mío, Jesús mío, por ti muero
Monición: En la vida misionera «experimentamos con frecuencia las dificultades de nuestro ministerio, porque transmitir un mensaje de anuncio y denuncia en situaciones conflicto - vas de increencia, de injusticia, de alienación o de muerte, es siempre peligroso y arriesgado. Jesús fue el «mártir de la Palabra», y precisa-mente por eso, nadie ha logrado acallarla». (Servidores de la Palabra 23)
Salmo (Patxi Loidi)
Solista: Las piedras del camino tienen huellas de sangre. Piedras de la Historia que llevan fechas de torturas y de muertes, manchas rojas que nos hablan de Ti.
Todos: la historia la hacen los que abren espacios de vida con su vida.
Solista: Derechos conquistados a punta de cadáveres. Barrotes de presos que nos
alargan cheques de libertad. Sangre para que hoy tengamos sangre y vida.
Muchas vidas bajo los cimientos de la ciudad. Y en el mundo un madero rojo
con el primer cadáver a cuestas. ¡El hombre que abrió brecha!
Todos: la historia la hacen los que abren espacios de vida con su vida.
Solista: Nos habían dicho que la Historia la hacían los reyes y los guerreros.
La Historia la hace la sangre, la muerte, la tortura. La Historia la hacen los que abren
espacios de vida con su vida. La historia la haces Tú que alientas el aliento de esos hombres y les enseñas a perder la vida para que haya vida para que no haya cadáveres ambulantes de explotación, de tiranía y de muerte.
Todos: la historia la hacen los que abren espacios de vida con su vida.
Solista: La Historia la hacen tus hombres. No importa que no te reconozcan
si siguen las señales de sangre del camino de la cruz.
Tus hombres no son los que llevan encima tu nombre,
sino las manchas de sangre del Nazareno.
Todos: la historia la hacen los que abren espacios de vida con su vida.
Solista: Por ellos vivimos hoy, respiramos aire y no gases. Por ellos y por nosotros,
que seguiremos sus huellas, respirarán nuestros hijos un aire más puro y alcanzarán
con nosotros la tierra de los vivos donde sólo viven.
Todos: la historia la hacen los que abren espacios de vida con su vida.
Oración: Señor, nuestra Iglesia está presente en muchas regiones donde los desequilibrios y las injusticias destruyen la dignidad del ser humano, haz que nuestra vida, impulsada por la sangre de los Mártires, sea un testimonio liberador, profético y esperanzador. Amén. Canto
Junto a la Cruz, siempre hay Pascua
Monición: «Si amamos apasionadamente a Dios, a María y a nuestros hermanos, percibiremos en nosotros una fuerza que nos hará vencer la timidez, el miedo, los complejos, las tentaciones de callar cuando debiéramos hablar […] En los trances difíciles del anuncio de la Palabra, acudamos al discernimiento comunitario. Quienes se unen en la escucha de la Palabra y permanecen unidos conviviéndola, serán solidarios ante la cruz». (Servidores de la Palabra 23)
Solista: Dichosos los que oyendo la llamada de la fe y del amor en sus vidas,
creyeron que la vida era dada para darla en amor y con fe viva.
Todos: Dichosos los que aman hasta el extremo
Solista: Dichosos si abrazaron la pobreza para llenar de Dios sus alforjas,
para servirle a él con fortaleza, con gozo y con amor a todas horas.
Todos: Dichosos los que aman hasta el extremo
Solista: Dichosos mensajeros de verdades, que fueron por caminos de la tierra,
predicando bondad contra maldades, pregonando la paz contra las guerras.
Todos: Dichosos los que aman hasta el extremo
Solista: Dichosos ustedes que consuelan a los tristes. Dichosos ustedes servidores de la humanidad, Dichosos ustedes porque construyen el Reino de justicia con su sangre derramada.
Todos: Dichosos los que aman hasta el extremo
Oración: Señor, que diste fortaleza a la Virgen María, Reina de los Mártires, al pie de la cruz y la colmaste de alegría en la resurrección de tu Hijo Jesucristo, haz que, como ella, seamos personas de misericordia, ternura y compasión, de ojos penetrantes y oídos atentos a las urgencias del mundo. Amén. Canto
Oracional
“Dios mío y Padre mío” (San Antonio Ma. Claret)
Dios mío y Padre mío: que te conozca y te haga conocer; que te ame y te haga amar; que te sirva y te haga servir; que te alabe y te haga alabar de todas las criaturas. Dame, Padre mío, que todos los pecadores se conviertan, que todos los justos perseveren en gracia y todos consigamos la eterna gloria. Amén
Por la canonización de los Mártires de San Joaquín
Dios todopoderoso y eterno, que diste a los Beatos Mártires de San Joaquín, José Trinidad Rangel, Andrés Solá, misionero claretiano, y a Leonardo Pérez, un amor singular a la Santísima Eucaristía, infundiendo en ellos el valor de aceptar la muerte por el nombre de Cristo y Santa María de Guadalupe, concede también tu fuerza a nuestra debilidad para que, a ejemplo suyo, sepamos hoy ser fieles, confesando tu nombre con nuestra palabra y con nuestra vida. Pedimos al Señor que llegue el momento en que podamos gozarnos de su gloriosa canonización. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén
(Si quiere un favor a Dios por la intercesión de los Mártires, hágalo ahora y concluya con un Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre)
Por las Vocaciones Misioneras
Padre de bondad y de misericordia, te alabamos y te bendecimos por haber enriquecido a tu Iglesia con el estilo de santificación y apostolado de San Antonio María Claret, nuestro Fundador y Padre.
Te suplicamos humildemente: manda nuevos operarios a nuestra Congregación e infunde tu Espíritu en los que has escogido. Confírmanos a todos en la vocación misionera, y haz que, urgidos por la caridad de Cristo como verdaderos Hijos del Inmaculado Corazón de María, anunciemos a todos los pueblos la Buena Nueva del Reino. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén
A los Mártires de Barbastro
Dios, Padre nuestro, que a los Beatos Felipe de Jesús Munárriz, presbítero y compañeros mártires, con la ayuda de la Madre de Dios, los llevaste a la imitación de Cristo hasta el derramamiento de la sangre, concédenos, por su ejemplo e intercesión, confesar la fe con fortaleza, de palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Oración a San Lorenzo, diácono mártir
Oh gran San Lorenzo, tú que caminaste por el camino de la cruz y fuiste un firme defensor de la fe cristiana, te suplico que derrames tu gracia sobre mí. Te pido que me protejas de los peligros de la vida. Que me des la fuerza necesaria para vencer las dificultades que se me presenten. Que me ilumines para que sepa tomar las mejores decisiones. Que me acompañes en los momentos de tristeza. Que me alegres cuando sienta desaliento. Que me guíes para que siempre actúe con integridad. Te pido me concedas el don de la fidelidad y me llenes de esperanza. Amén.
Oración Vocacional Claretiana
Oh Dios que quieres que todas las personas se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, atrae hacia Tí nuevos seguidores de tu Hijo al estilo de San Antonio María Claret y envíalos al campo del mundo para que prediquen el Evangelio a toda criatura, y tu pueblo, congregado por la Palabra de Vida y sostenido por la fuerza de los sacramentos, camine por las sendas de la salvación y del amor. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén
Himno Real Cristero
La Virgen María es nuestra protectora, nuestra gran Señora, no hay nada que temer. Vence al mundo, demonio y carne. ¡Guerra, guerra, contra lucifer! (2).
La Virgen María protege la inocencia, con su gran clemencia y vence al tenta-dor. Para que al Cielo vayamos cantando: ¡Gloria, gloria a Cristo Redentor! (2).
Por miles sus hijos cayeron destrozados, eran los soldados de Cristo Nuestro Rey. Pero las balas les dieron vida y alas, y volaron y están a sus pies (2)
Somos sus hijos y estamos orgullosos, de ésta Gran Señora, aquella que una vez, desde el Calvario ofreció a su Hijo. ¡Víctima de amor por nuestra fe!
Tú reinarás 
Tú reinarás, este es el grito, qué ardiente exhala nuestra fe. Tú reinarás, oh Rey Bendito, pues tú dijiste: ¡Reinaré!
Reine Jesús por siempre, reine su corazón, en nuestra patria, en nuestro suelo, es de María, la nación, en nuestra patria, en nuestro suelo, es de María, la nación.
Tú reinarás, dulce esperanza, que al alma llena de placer. Habrá por fin paz y bonanza, felicidad habrá doquier.
Reine Jesús por siempre, reine su corazón, en nuestra patria, en nuestro suelo, es de María, la nación, en nuestra patria, en nuestro suelo, es de María, la nación.
Tú reinarás, dichosa era, dichoso pueblo con tal Rey. Será tu cruz, nuestra bandera, y tu amor, la ley será.
Reine Jesús por siempre, reine su corazón, en nuestra patria, en nuestro suelo, es de María, la nación. En nuestra patria, en nuestro suelo, es de María, la nación.
Que viva mi Cristo 
Que viva mi Cristo, que viva mi Rey. que impere doquiera triunfante su ley. Viva Cristo Rey, Viva Cristo Rey (bis)
Mexicanos un Padre tenemos, que nos dio de la patria la unión. A ese Padre gozosos cantemos, empuñando con fe su pendón
El formó con su voz hacedora cuanto existe debajo del sol, de la inercia y la nada incolora formó luz en candente arrebol
Nuestra patria, la patria querida, que arrulló nuestra cuna al nacer, a Él le debe cuanto es en la vida, sobre todo el que sepa creer
Demos gracias al Padre que ha hecho que tengamos de herencia la luz y al darnos vida en el Reino que su Hijo nos dio por la cruz
Dios le dio el poder, la victoria. Pueblos todos, venid y alabad a este Rey de los cielos y tierra, en quien sólo tenemos la paz
Rey eterno, Rey universal, en quien todo ya se restauró, te rogamos que todos los pueblos sean unidos en un solo amor.
Viva Cristo Rey 
Miguel Martínez y Federico Carranza.
Un grito de guerra se escucha en la faz de la tierra y en todo lugar. Los prestos guerreros empuñan su espada y se enlistan para pelear, para eso han sido entrenados, defenderán la verdad. Y no les será arrebatado el fuego que en su sangre está.
Viva Cristo Rey, viva Cristo Rey. El grito de guerra que enciende la tierra. Viva Cristo Rey. Nuestro soberano y Señor. Nuestro capitán y campeón. Pelear por Él es todo un honor.
Sabemos que esta batalla no es fácil y muchos se acobardarán y bajo los dardos de nuestro enemigo, sin duda perecerán. Yo tendré mi espada en alto como la usa mi Señor. A Él nada lo ha derrotado, su fuerza es la de Dios.
Viva Cristo Rey, viva Cristo Rey. El grito de guerra que enciende la tierra. Viva Cristo Rey. Nuestro soberano Señor. Nuestro capitán y campeón. Pelear por Él es todo un honor.
No conocemos mayor alegría, no existe más honroso afán. Que, con mis hermanos, estar en la línea y juntos la vida entregar. A Él, que merece la gloria y nos reclutó por amor. Ante Él, la rodilla se dobla y se postra el corazón.
Viva Cristo Rey, viva Cristo Rey. El grito de guerra que enciende la tierra. Viva Cristo Rey. Nuestro soberano Señor. Nuestro capitán y campeón. Pelear por Él es todo un honor. Viva Cristo Rey.
Corrido de Valentín de la Sierra
Voy a cantar un corrido de un amigo de mi tierra llamábase Valentín que fue fusilado, colgado en la sierra. No me quisiera acordar, era una tarde invierno. Cuan-do por su mala suerte, calló Valentín en manos del gobierno.
El capitán le pregunta: "¿cuál es la gente que mandas?" Son ochocientos soldados que tienen sitiada la hacienda de Holanda.
El coronel le decía: "¿cuál es la gente que guías?" Son ochocientos soldados que trae por la sierra, Mariano Mejía El general le decía: "yo te concedo el indulto" "Pero me vas a decir cuál es el jurado, la causa que juzgo" Valentín, como era hombre, de nada le dio razón Yo soy de los meros hombres, de los que inventaron la revolución. Ay, ay-ay-ay, vivan los hombres, já
Antes de llegar al cerro, Valentín quiso llorar. Madre mía de Guadalupe, por tu religión, me van a matar. Vuela, vuela, palomita, párate en ese fortín. Estas son las mañanitas de un hombre valiente que fue Valentín.
Canción “El Cristero”
El martes me fusilan a las 6 de la mañana por creer en Dios eterno y en la gran Guadalupana. Me encontraron una estampa de Jesús en el sombrero por eso me sentenciaron porque yo soy un cristero.
Es por eso me fusilan el martes por la mañana matarán mi cuerpo inútil pero nunca, nunca mi alma. Yo les digo a mis verdugos que quiero me crucifiquen y una vez crucificado, entonces usen sus rifles.
Adiós sierras de Jalisco, Michoacán y Guanajuato, dónde combatí al Gobier-no que siempre salió corriendo. Me agarraron, de rodillas adorando a Jesucristo sa-bían que no había defensa en ese santo recinto.
Soy labriego por herencia, jalisciense de naciencia. No tengo más Dios que Cristo porque me dio la existencia. Con matarme no se acaba la creencia en Dios eterno muchos quedan en la lucha y otros que vienen naciendo.
Es por eso me fusilan el martes por la mañana.
Los Cristeros
Mi abuelito fue dorado y mi padre fue cristero, mi suegro fue muy valiente peleaba como una fiera, el fue de los meros hombres de Valentín de la Sierra.
Mi abuelito fue asistente de ese gran Francisco Villa siempre peleaba adelante nunca peleaba en la orilla, por eso lo hizo asistente el general Pancho Villa.
Mi padre fue cabecilla de esos valientes cristeros, cuando entraban en comba-te lo llamaba con un cuerno con sus cananas terciadas con puras balas de acero.
Mi suegro traía su gente, a 400 mandaba por orden de Valentín sitió la Hacienda de Landa y que si había contrarios, a toditos los colgara.
Ya no quedaron dorados, los cristeros se acabaron, hombres de mucho valor que no conocieron miedo, pelearon por varias causas sin importar el dinero.
Le compuse este corrido a mi padre y a mi abuelo, para todos los dorados también para los cristeros, sin olvidar a mi suegro, también fue un gran guerrillero.





